51. HERNÁN MARAMBIO CORTÉS, LUIS LENCE Y OTROS.

Alberto, elegante, bajito y pretencioso, contrata a Leticia, reciente miss Trujillo, para que
trabaje en su banco.
La única sede del BancoX es un elegante edificio de 11 plantas, en El Rosal, Caracas.
El padre de Alberto era dueño de un banco con un enorme edificio sede en Caracas y con
oficinas en todo el país. Una tarde cualquiera en una esquina sin pretensión, un automóvil
chocó por un costado al suyo y puso fin a su vida de espectaculares éxitos financieros.
Los abogados que se hicieron cargo de todo en efecto se hicieron cargo de todo, de modo
que los herederos quedaron apenas con el hermoso terreno donde años mas tarde
Alberto logró levantar su pequeño elegante banco boutique.
Como en Venezuela existe control de cambio y con ello el gobierno decide a quién le
vende diez dólares por el precio de uno, también existe un atractivo mercado para
empresas financieras que roban a clientes que no saben cómo hacer para sacar su dinero
del país y meterlo en una cuenta bancaria en Miami, porque para el caraqueño Miami era
el mundo hasta que los boliburgueses descubrieron que Madrid es menos peligroso para
lavar dinero, Alberto abrió un segundo banco en Panamá y una financiera en Caracas, a
cargo de la cual puso a Fernando, 35, casado, dos hijos y dueño de una apariencia física
que le fue resolviendo todos los problemas excepto el de estar casado.
Miss Leticia sopesaba atender las sugerencias que apuntaban todas hacia Alberto cuando
se topó con Fernando que entraba a reunirse con Alberto en la sede del banco. Pronto
averiguó que detrás de esa impactante presencia se escondía una probable fortuna
derivada de su condición de presidente de la financiera de Alberto, de modo que cuando
Fernando salía cabizbajo y confundido de su reunión con Alberto, sin darse cuenta cómo
tropezó con la mujer mas hermosa que hubiera visto en su agitadísima vida. Ella habría
terminado en el piso si Fernando no logra impedirlo.
Tras culparse uno al otro de la colisión siguieron dándose explicaciones hasta que
entraron al ascensor, salieron del banco, descubrieron que era hora de almorzar y
siguieron descubriendo coincidencias hasta que bien entrada la noche se separaron
irremediablemente unidos.

Alberto apenas había podido asimilar la noticia de que su socio Fernando le había estafado
10 millones de dólares de la financiera. En la reunión que tuvo con él le hizo ver a éste que
estaba al tanto del desfalco y que a pesar de ello lo mantendría como Presidente de la
Financiera en la confianza de que Fernando se enmendaría y entre ambos robarían lo
necesario para que la Financiera pudiera recuperar lo que Fernando había saqueado,
dinero acerca del cual Fernando dijo no saber nada y estimar que todo era un
malentendido de modo que mal podría devolver nada.
Un par de días después Alberto supo que Fernando no solo los 10 millones. También la
reina de belleza.

Ese mismo día, Luis Lence, instalador de ascensores de Maturín que tras casarse con una
millonaria que a los pocos meses contrajo un cáncer que la dejó en silla de ruedas se
convirtió en gran empresario y creó la urbanización mas elegante de Maturín incluido un
hotel de cinco estrellas y mil chiripas (cucaracha pequeña) que se pasean sobre las mesas
de su elegantísimo comedor y, una cancha de golf profesional.
Deshonesto, abusador y mala paga a quien BancoX había dado algunos créditos, Luis llegó
a visitar a Alberto. Después de algunos rodeos le informó que el abogado Rodríguez le dijo
tener fotos que comprometen a Alberto. Quiere medio millón de dólares por ellas.
— Siempre ha sido un país de pervertidos, dijo Alberto… Muchas veces han intentado
extorsionarme… ¿Quién es ese abogado?... ¿De dónde lo conoces?... ¿Piensa el guevón
ese que sin ver las fotos voy a pagarle medio millón de dólares?… ¡País de mierda!
Luis dijo que el abogado es de Caracas y que intentará conseguir las fotos.
Como las noticias del día eran mas que suficientes para él, Alberto se puso de pié y salió
de su oficina sin decir palabra. Luis, solo en la oficina del presidente del banco, miró a su
alrededor, consideró que no había nada que pudiera robarse sin ser descubierto y se
retiró.

Días después Alberto se paseaba incansable en su oficina. Hoy no atenderé a nadie dijo a
su secretaria cuando ella entró, tarde como de costumbre.
El elegantísimo jet ejecutivo, empezó a los escupitajos.
Sentado a la derecha del piloto, Fernando sintió como si le hubieran enterrado un puñal
en el abdomen.
Como las cosas ocurren demasiado rápido en lo que Robert Ringer llamó un “ataúd
volador”, segundos después el Citation CJ3, habitualmente silencioso dejó de murmurar.
Se hizo el silencio fatal de cuchillo lanzado por un asesino.
La mueca de terror con que Fernando miró hacia atrás, hacia sus invitados, sus hijos y la
hermosísima Leticia, fue suficiente para que los alaridos de ella callaran los gritos de
horror de Fernando y el piloto.
Durante cerca de un minuto todos gritaron inútilmente amarrados a sus asientos hasta
que el cuchillo se clavó en una montaña y todo quedó en silencio como la oficina que
Alberto recorría incansable.
Cuando un avión desaparece de los radares se sabe de inmediato, pero solo horas
después la secretaria volvió a entrar. Es su señora que lo llama. Dice que el teléfono móvil
de Usted se encuentra apagado.
Dile que estoy sacando un trabajo urgente, le contesta Alberto que sigue paseando de
extremo a extremo de su enorme oficina.
Cayendo la tarde la secretaria vuelve a entrar, esta vez llora desconsolada incapaz de decir
palabra.
Qué carajos pasa, pregunta Alberto mientras la abraza.
Ella solloza incontenible.
Cuando por fin logra sacar palabra dice hace algunas horas llegó la noticia de que el avión
de Fernando se extravió en ruta a Valera. Acaban de confirmar que están todos muertos.
Quienes son todos, coño, exclama Alberto.

Fernando y sus dos hijos y Leticia, la chica que fue miss Venezuela y que trabajaba en el
piso 4 en marketing. Dicen que iban a pasar un fin de semana en Valera y que el avión se
quedó sin combustible en pleno vuelo.
No puede ser, dice Alberto… Déjame hacer unas llamadas para confirmarlo.
Ella sale.
Alberto toma su teléfono, lo revienta contra el piso, se sirve un whisky y por fin se sienta.
Tarde en la noche abandona su oficina para acercarse hasta la casa de la viuda de
Fernando a ofrecerle la ayuda que pudiera necesitar.
Mientras espera a la viuda en uno de los exquisitos salones de la mansión, Alberto se dice
aquí están algunos de mis 10 millones de dólares.
Cuchillo de cocina en mano la mujer se abalanzó sobre él: asesino… asesino... en tu banco
prostíbulo perdí a mi marido… gracias a dios Fernando alcanzó a robarte algo que
esperaba que fuera para mis hijos… todos muertos… asesino!…
Camino a casa Alberto se preguntaba como lo recibirá su mujer al verlo herido, golpeado y
con la chaqueta Boss destrozada.

Semanas mas tarde, en su moto BMW 1500 GT, Gonzalo Tirado llegó a almorzar con
Alberto en el restorán Laserre. Le había sido difícil conseguir que Alberto aceptara
almorzar a solas con un famoso pero controversial empresario financiero.
Sin duda su argumento de que quería almorzar con él para comprarle el banco tendría que
haber pesado y el hecho que Alberto haya aceptado almorzar le hacía abrigar la esperanza
de convencerlo de vender.
Gonzalo, con quince minutos de atraso y ropa deportiva, aceptó la chaqueta y corbata que
le impusieron en el Laserre para que pudiera entrar, “estrictamente formal” le dijeron.
Ya en la mesa no tardó en encender una animada conversación sobre música venezolana,
área del mayor interés de Alberto.
Una vez en los postres, cuando Alberto escasamente soportaba hablar mas trivialidades,
Gonzalo sacó la chequera y comenzó a escribir un cheque por 15 millones de dólares.
Mientras lo escribía dijo: Te doy 30 millones por tu banco. 15 en este momento y otros 15
dentro de 30 días cuando llegue al banco y me lo entregues.
Alberto no tomó el cheque que Gonzalo le extendía. Llamó al garzón. Pidió un Ballantine
18 años. Preguntó a Gonzalo, ¿quieres algo? y permaneció ensimismado cuidando no
mostrar sus emociones.
Un mes antes le habían hecho un avalúo del banco. El resultado fue “17 millones y, dado
que el país está en franca destrucción por las brutalidades de Chavez, escasas
posibilidades de liquidarlo por ese precio”.
Saboreaba el guiski. Si tomaba los 15 millones y si el cheque tenia fondos estaría
recibiendo casi el valor del banco y dentro de 30 días recibiría otro tanto o se quedaría con
esos 15 y con el banco. El Ballantine comenzaba a saberle bien, le permitía a olvidar a
Fernando, a la viuda del cuchillo, al abogado Rodríguez, a la Financiera que seguía
perdiendo dinero... ¡Qué deseos tenía de retirarse e incluso de abandonar Venezuela!
Tomó el cheque y estrechó la mano que le ofrecía Gonzalo para cerrar el acuerdo.
Gonzalo se despidió: te veo en 30 días, temprano en la mañana, en las oficinas del banco.

Esa tarde Alberto se reunió con tres socios con quienes mantenía una empresa de
consultoría financiera. Nos comentó la decisión tomada con respecto al banco. Le hicimos
ver que cometía un grave error pues no tiene derecho a entregar su banco a nadie que no
haya sido previamente aprobado por la Superintendencia de Bancos, Sudeban, para
ocupar el cargo de presidente de un banco. Alberto alegó que Gonzalo es sin duda un
boliburgués, un nuevo rico bien relacionado con la dictadura bolivariana de Chavez, y que
entonces todo se resolverá fluidamente.

Uno de los tres socios, Hernan Marambio Cortés, gordo, bajito, cabeza cuadrada, pelo
ensortijado, boca pequeña y viciosa, de camisas elegantes y zapatos deformados por unos
pies terriblemente hinchados, cobarde, grosero, estafador y jalabolas, desde hace poco
jubilado como presidente de la principal empresa de auditoría de Venezuela, se casó con
una muy joven Celestina, hija de humildes portugueses, y abusó de ella toda una vida
hasta que Celestina llegó a ser campeona nacional de golf representando al club La
Lagunita, ubicado a los pies de la hermosa mansión en que viven.
Hernán es el típico chef con pies de barro. Pocas profesiones son tan sensibles a la
honestidad. Un chef deshonesto está condenado al fracaso. Y la brutal deshonestidad de
Hernán no se limitaba a contaminar sus negocios y amistades. Las cenas en casa de
Hernán eran del mas alto nivel: excelente preparación, ingredientes y bebidas de altísima
calidad. Hernán, el anfitrión, alardeaba de sus dotes de chef con estudios en Francia, y de
la calidad de sus ingredientes y preparaciones. Pero los ingredientes solían haber
ingresado a las neveras de Hernán ya descompuestos, lo que no era obstáculo para que
Hernán intentara resucitarlos en los supuestamente delicados platos que ofrecía a sus
invitados, quienes frecuentemente terminaban gravemente intoxicados.
Hernán, siempre bien enterado, dijo que Tirado tiene el dinero necesario para comprar el
banco de Alberto, pues él y su anterior patrón, propietario del Stanford Financial Group,
se robaron 7 mil millones de dólares, lo que los convirtió en grandes precursores puesto
que con ello mostraron al chavismo que ya no es asunto de robarse diez millones, “como
era en nuestra época”, comentó Hernán, pues ahora se trata de robarse miles de millones
en pocos meses, y que el plan de Tirado al comprar el banco de Alberto, debe ser
exactamente ese, lo que pondrá a Alberto en situación muy comprometida.

Pocos días después, a eso de las 12 de la noche, Luis estaba por acostarse en su
apartamento en Caracas.
Borracho, venía de cenar con el abogado Rodríguez a quien informó que Alberto había
visto las fotos y que no estaba dispuesto a pagar nada por ellas a pesar de lo
comprometedoras que son.
Rodríguez solo masculló lo voy a joder, y siguieron disfrutando de la cena y los tragos sin
volver a tocar el asunto.
Los policías que a esa hora llegaron al departamento de Luis lo interrogaron durante un
par de horas. A mitad del interrogatorio le informaron que el abogado Rodríguez, después
de dejar a Luis en el apartamento de éste, camino a su casa fue interceptado por una
camioneta desde la cual le hicieron veinte disparos. Murió desangrado en los pasillos de la
Clínica Avila.

Cuando los policías se retiraron, Luis pensó en llamar a Alberto para informarle del
crimen. Después pensó que la llamada podría ser comprometedora para Alberto.
Después, que Alberto tal vez ya sabía la noticia.
Algo después, que Alberto tal vez sabía la noticia desde varios días antes del asesinato.
Entonces se tomó un largo Chivas Regal 24 años y se quedó dormido en el sofá de cuero
marrón de 4 puestos donde su chofer lo encontró al amanecer, el vaso roto a un costado
del sofá. Vamos ya al aeropuerto, le ordenó Luis con las ropas todavía mojadas de guiski.

Alberto aprovechó los 30 días para poner todo en orden y conversar primero con los
principales ejecutivos y después con todo el personal del banco para informarles que a
partir del próximo mes Gonzalo sería presidente del banco y que él se retiraría a descansar
y disfrutar de su familia.

El día acordado Gonzalo estacionó su moto BMW GT 1500 en la puerta del banco y
aparentemente solo subió hasta la oficina de Alberto, escribió calmadamente un segundo
cheque por 15 millones de dólares, lo entregó a Alberto y esperó que este desocupara el
sillón de presidente del banco para sentarse en él y empezar a despachar como si siempre
lo hubiera hecho.

Sus llamadas eran todas a funcionarios de gobierno diciéndoles que ya estaba a cargo de
BancoX y que esperaba empezar a recibir depósitos del estado en los términos
convenidos. Otras llamadas fueron a su abogado para crear empresas a las que otorgaría
créditos que nunca serían pagados. Durante días llamó al presidente del banco Mi Casa
Entidad de Ahorro y Préstamo, empresa financiera mucho mayor que operaba al atravesar
la calle desde la sede de BancoX y que pocos meses después Gonzalo consiguió adquirir,
con lo que fortaleció inmensamente su capacidad de defraudar al estado, puesto que a las
personas ya no las engañaba después de la sonadísima estafa piramidal del Stanford.

Un par de años después, cuando ya sus abogados no lograban defenderlo de las
autoridades financieras que veían claramente que el banco y la entidad Mi Casa estaban
irremediablemente quebrados, Gonzalo escapó a Aruba después de haber sacado de
Venezuela 1.600 millones de dólares que esperaba que le dieran un buen pasar hasta que
lograse montar la siguiente estafa. Poco después se instaló en Miami donde las cosas no le
resultaron tan sencillas como esperaba.

Alberto, dadas las responsabilidades que le cabían por la venta informal que hizo del
BancoX, se vio obligado a escapar de Venezuela con todos los suyos.